Medios de comunicación y una constitución democrática

El 4 de septiembre se realizó el plebiscito de salida de la propuesta constitucional elaborada por la Convención Constitucional de Chile.  Dicha propuesta constitucional estaba destinada a favorecer a los sectores populares al propiciar la justicia y la igualdad, hoy alejadas de la mayor parte de la población.  Pero los segmentos de sectores populares que votaron por primera vez dada la obligatoriedad del voto, rechazaron la propuesta de Constitución Democrática.  La propaganda de los medios de comunicación, en base a la mentira sistemática, caló hondo en sectores despolitizados e imbuidos de la ideología neoliberal.  Esto lo ha ratificado Pablo Iglesias, ex vicepresidente de España, al afirmar que “los medios de comunicación, lejos de ser una suerte de actores neutrales, meros transmisores de información, son básicamente grandes aparatos ideológicos y de valores.  Son capaces no sólo de organizar los temas de la discusión pública, sino incluso jerarquizar esos temas y convertirse en los actores políticos más importantes.  Los medios no están sometidos a un sistema de organización democrático”.

El neoliberalismo ha incrementado el individualismo, lo que ha llevado a gran parte de la población a adoptar pautas culturales que hacen a todos iguales a fin de ocultarse a sí mismos la angustia provocada por la soledad y la inseguridad.  La conformidad hace perder la propia identidad.  Se produce así una “contaminación interna”: estrés, neurosis, hastío, pérdida del sentido de la existencia a causa del tipo de vida masificador que tiende a hacer de la persona un engranaje inerme de la maquinaria social.  Así ha sido por lo que se ha votado rechazo a la posibilidad de abrir caminos de humanidad.  Se han manipulado las conciencias para adormecerlas y enajenarlas de su clase social y de lo que realmente son.

Los filtros mediáticos suelen estar configurados por la ideología dominante y por ello tienden a neutralizar cualquier verdad que se abra paso a través de ellos.  Todo termina falsificándose adulterándose, banalizándose y sabiéndose de la única manera inofensiva en que puede saberse.  La desinformación se convierte en un torrente de tergiversaciones y mentiras donde confluyen todos los acontecimientos históricos para así confundirlo todo.

La clase dominante jamás aceptaría una Constitución elaborada sin sus representantes y que atribuyera a todos los habitantes de Chile la dignidad de personas, establecer su igualdad, alcanzar la democracia.  Los que siempre han sido excluidos no son considerados seres humanos de parte de los poderosos.  Estos sólo aceptarán un nuevo proceso constituyente manejado por las élites para mantener sus privilegios. Con el rechazo de la Constitución democrática, el pasado se mantiene presente a través de la sombra del pinochetismo, su legado constitucional y el rastro de las políticas neoliberales implementadas en las últimas décadas.  No hay lugar en el capitalismo para otra cultura que no sea capitalista.  Todo lo que no sea capital, todo lo humano, lo hacen consistir en partículas individuales insignificantes e impotentes, en individuos manipulables, mercantilizables, intercambiables, comprables y vendibles, controlables y explotables.

Hervi Lara

Profesor de Ética y Filosofía, ex Presidente de Amnistía Internacional, sección chilena. También participó en la Comisión Ética Contra la Tortura. Actualmente, participa del Comité Oscar Romero (SICSAL- Chile) y del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas.

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