Durante casi dos décadas, las mujeres de las comunas 3, 8 y 10 de Medellín han convertido el agua en una bandera de lucha, organización y dignidad. Cada año, sus voces vuelven a encontrarse en el Festival de las Mujeres y el Agua, un espacio comunitario que nació para visibilizar las dificultades que enfrentan numerosas familias para acceder a este recurso esencial y para reivindicar el agua como un derecho fundamental.
Más que un festival, este encuentro se ha convertido en un ejercicio de memoria y participación ciudadana. Durante casi 20 años, generaciones de mujeres han participado en actividades culturales, educativas y comunitarias alrededor de una pregunta que continúa vigente:
¿Puede hablarse de una vida digna cuando una familia no tiene garantizado el acceso al agua?
El agua como derecho y como lucha.
En los barrios populares de Medellín, el acceso al agua ha estado históricamente relacionado con las condiciones económicas de las familias y con las desigualdades existentes en el territorio.
Para muchas mujeres, esta situación no es solamente una discusión sobre servicios públicos. El agua atraviesa la vida cotidiana: está relacionada con la alimentación, la higiene, la salud, el cuidado de los hijos, las personas mayores y el funcionamiento de los hogares.
Por eso, la defensa del mínimo vital de agua se ha convertido también en una lucha por la dignidad y por unas condiciones básicas de vida.
Las mujeres organizadas han desempeñado un papel fundamental en este proceso. Desde los barrios, han participado en reuniones comunitarias, movilizaciones, actividades pedagógicas y acciones de incidencia para reclamar soluciones y llamar la atención de las instituciones sobre las necesidades de las comunidades.
La gobernanza del agua siempre ha estado dinamizada por las mujeres, es así que las mujeres se han organizado por grupos de vecinas y colectivos para garantizar la supervivencia de sus familias.
El Festival de las Mujeres y el Agua representa una historia que se ha construido durante casi 20 años.
18 años de memoria comunitaria.
En este recorrido han cambiado las ciudades, las generaciones y las circunstancias sociales, pero permanece una preocupación: garantizar que ninguna familia tenga que vivir sin el agua necesaria para satisfacer sus necesidades básicas.
El festival también ha permitido que las nuevas generaciones conozcan las experiencias de las mujeres que comenzaron estas luchas y comprendan que muchos de los derechos conquistados por las comunidades son resultado de años de organización y participación.
Cada encuentro es, de alguna manera, una oportunidad para recuperar esa memoria.
Mujeres que transforman el territorio.
El protagonismo de las mujeres es uno de los elementos centrales de esta historia.
En muchos barrios, son ellas quienes conocen de primera mano las dificultades que atraviesan las familias. Son también quienes suelen asumir buena parte de las tareas relacionadas con el cuidado y la administración del hogar.
Esta realidad ha llevado a muchas mujeres a pasar de las preocupaciones individuales a la acción colectiva.
Organizarse, reunirse, reclamar, participar y construir propuestas se convirtió en una forma de transformar las condiciones de sus comunidades.
El festival recoge precisamente esa experiencia: mujeres que decidieron que los problemas de sus hogares no podían permanecer aislados y que era necesario convertirlos en asuntos de interés público.
El festival como espacio de encuentro.
La celebración no se limita a la reivindicación política. La cultura, el arte y la participación comunitaria ocupan un lugar importante.
El Festival de las Mujeres y el Agua permite encontrarse, conversar, recordar las luchas del pasado y plantear los desafíos del presente.
En ese sentido, el agua se convierte en un punto de encuentro entre diferentes generaciones y territorios.
Las actividades del festival representan también una manera de decir que las comunidades no quieren ser reconocidas únicamente por sus dificultades. Quieren mostrar su capacidad de organización, creatividad y construcción colectiva.
Una lucha que todavía continua.
20 años después, la defensa del mínimo vital de agua sigue siendo una conversación necesaria.
Los desafíos relacionados con la pobreza, las desigualdades territoriales, el acceso a los servicios públicos y el cambio en las condiciones ambientales mantienen vigente la pregunta que ha acompañado a estas mujeres durante décadas.
El Festival de las Mujeres y el Agua llega a sus 20 años no solamente como una celebración, sino como un recordatorio de que los derechos sociales necesitan comunidades dispuestas a defenderlos.
Las mujeres que han participado en esta historia han dejado una enseñanza que trasciende sus propios barrios: organizarse también es una forma de cuidar la vida.
“Y mientras una nueva generación recoge el testimonio de quienes comenzaron esta lucha, hoy les rinden un homenaje a las que ya partieron” y el agua continúa fluyendo como símbolo de una reivindicación que todavía no ha terminado.