Los rescatogenocidas: Diplomacia de desastres y blanqueo del nazi-sionismo

La presencia de Israel en desastres como el terremoto ocurrido en Colombia el 10 de agosto de 2026 no puede leerse como simple humanitarismo. Forma parte de una estrategia estatal que combina rescate, propaganda, diplomacia y proyección militar.

Desde octubre de 2023, Israel ha continuado operaciones militares en Gaza, Cisjordania y el sur del Líbano y ha consolidado la ocupación de los Altos del Golán. Las agencias de las Naciones Unidas, los relatores especiales y las organizaciones de derechos humanos han identificado prácticas genocidas: asesinatos en masa, hambre, desplazamiento forzado y ataques sistemáticos a la infraestructura civil.

Simultáneamente, Israel despliega equipos USAR —Búsqueda y Rescate Urbano—, en áreas de terremotos y desastres. Son soldados que cumplen en ocasiones actividades genocidas contra los pueblos demonizados por el nazi-sionismo, y en otras “salvan vidas” en países afectados por desastres.

Esta diplomacia de desastres es el blanqueo de imagen para obtener legitimidad internacional y a la vez, recopilar información estratégica y abrir mercados de seguridad.

Gaza, Cisjordania, sur del Líbano y Altos del Golán: datos para no olvidar el daño

Franja de Gaza

En la Franja de Gaza, el resultado de la ofensiva nazi-sionista es comparable a más de 10 terremotos simultáneos de escala 7.4 sobre una franja densamente poblada, sin evacuación efectiva, sin reconstrucción entre impactos y con bloqueo del ingreso de maquinaria, combustible, agua, alimentos y asistencia médica.

La agresión nazi-sionista ha dejado 62.192 palestinos muertos y 157.114 heridos desde octubre de 2023. Pese al “alto el fuego” de octubre de 2025, se registran 1.250 muertos adicionales, incluidos 196 casos verificados por la ONU cerca de zonas con presencia de tropas israelíes. La niñez ha sido uno de los blancos más afectados: al menos 300 niños murieron en 300 días, casi uno por día desde el alto el fuego. A esto se suma el asesinato de 1.760 palestinos desde mayo de 2026 mientras esperaban distribución de ayuda. El 70% del territorio se encuentra ocupado por tropas israelíes y la población ha sido concentrada en aproximadamente un tercio de Gaza, entre escombros, desnutrición aguda y acceso inseguro al agua.

Según la evaluación satelital de Naciones Unidas en agosto de 2026 los datos señalan que alrededor del 82% de las estructuras de Gaza —cerca de 200.000 edificios— estaban dañadas, y dos tercios de ellas habían sido destruidas. La destrucción de edificios aumentó además casi un 10% desde el alto el fuego de octubre de 2025.

Cisjordania

En Cisjordania, la violencia israelí combina operaciones militares, ataques de colonos, demoliciones y anexión de facto. Al 10 de agosto de 2026, la ONU registraba 76 palestinos asesinados durante el año, frente a tres israelíes. En el mismo período, 3.800 palestinos —casi la mitad niñas y niños— fueron desplazados por violencia de colonos, demoliciones y desalojos; además, Naciones Unidas documentó más de 1.430 incidentes de colonos contra unas 260 comunidades palestinas, incluidos ataques que ya no se limitan al Área C, sino que avanzan también sobre las Áreas B y A.

El patrón de destrucción territorial es claro: expulsión palestina, control posterior de la tierra por colonos y ruptura de la vida comunitaria. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) señaló que los ataques de colonos representaron el 55% de todos los heridos palestinos registrados en 2026. En Jenin, Tulkarm y Nur Shams, las restricciones militares dejaron a más de 33.000 refugiados palestinos desplazados sin poder regresar a sus hogares. Las demoliciones también se aceleraron: desde 2024, el promedio mensual de estructuras demolidas en Área C y Jerusalén Este fue al menos el doble del promedio de los quince años anteriores, mientras 84 escuelas que atienden a casi 13.000 estudiantes quedaron bajo órdenes de demolición o paralización de obras.

Sur del Líbano

En el sur del Líbano, la ofensiva israelí se intensificó desde el 8 de octubre de 2023. Para el 25 de noviembre de 2024, OCHA registraba 3.768 muertos, 15.699 heridos, al menos 240 niños asesinados y 899.725 desplazados internos. Tras el alto el fuego de noviembre de 2024, relatores de la ONU denunciaron 57 civiles asesinados en los primeros 60 días y 260 propiedades destruidas; cuando civiles intentaron regresar a aldeas ocupadas, 24 fueron asesinados y 120 heridos.

La violencia posterior al alto el fuego confirma que la operación no fue solo una respuesta coyuntural. OCHA reportó al menos 127 civiles asesinados por ataques israelíes en Líbano entre la entrada en vigor del alto el fuego y el 24 de noviembre de 2025. Además, registró más de 3.500 personas muertas, más de 10.000 heridas y cerca de un millón de desplazadas, junto con graves daños a viviendas, infraestructura pública, servicios esenciales y centros de salud. El objetivo político-militar es crear una zona de amortiguamiento al norte de la Línea Azul, condicionar el retorno de la población desplazada, debilitar a Hizbulá y mantener capacidad de intervención bajo el argumento de seguridad fronteriza.

Altos del Golán

En los Altos del Golán, la operación israelí es de largo plazo: ocupación, anexión, colonización y reconocimiento externo. El territorio está ocupado desde 1967 y fue anexado unilateralmente por Israel en 1981; la Resolución 497 del Consejo de Seguridad declaró esa anexión “nula y sin efecto jurídico internacional”. Antes de la ocupación, el Golán sirio albergaba a más de 140.000 personas; la mayoría fue expulsada o desplazada y sus habitantes continúan sin poder regresar. La fuente siria ante Naciones Unidas señala que la población desplazada originaria del Golán supera hoy las 500.000 personas.

La colonización busca modificar el carácter físico, demográfico e institucional del territorio ocupado. Naciones Unidas ha reiterado que Israel debe abstenerse de alterar ese estatuto, en particular mediante asentamientos. Human Rights Watch documentó en 2026 un plan israelí de 334 millones de dólares para expandir asentamientos en el Golán, con la meta de trasladar 3.000 nuevas familias israelíes a Katzrin antes de 2030. El control del Golán responde a intereses estratégicos: profundidad militar frente a Siria, dominio de alturas clave, control de recursos hídricos de la cuenca del Jordán, apropiación agrícola y consolidación de una frontera norte militarizada.

Diplomacia de desastres del nazi-sionismo

La USAR se muestra como una fuerza humanitaria, pero depende del Comando de las Fuerzas de Defensa Israelí. Surgió para ayudar a México cuando el terremoto de 1985, al tiempo que salva vidas en estos eventos catastróficos desarrolla una geopolítica de venta de armas y sistemas de seguridad. Veamos algunos ejemplos:

  • Haití 2010: En enero de 2010, USAR desplegó un hospital de campaña después del terremoto. Atendieron víctimas. Este caso introdujo en la literatura médica global la noción de respuesta temprana militarizada en desastres, lo que le abrió la puerta a Israel al negocio de participar en otras situaciones de desastre que insertó en una “fiebre del oro” de contratos de reconstrucción y seguridad abierta por el desastre. Cables difundidos por WikiLeaks describieron cómo empresas extranjeras buscaron convertir la catástrofe haitiana en oportunidad comercial; la reconstrucción posterior reforzó la agenda de seguridad, policía y reforma del sector estatal, acompañada por Israel.
  • México 2017: Tras el terremoto del 19 de septiembre, una delegación de 71 soldados del Comando del Frente Interno del IDF llegó a México en menos de 48 horas. Realizaron búsqueda y rescate junto con evaluación estructural de edificios, incluidos hospitales, escuelas, jardines de infancia y oficinas públicas. Ese despliegue debe leerse junto a un mercado previo de inteligencia israelí en México: el software Pegasus, de NSO Group, había sido vendido al Estado mexicano y usado contra periodistas, activistas, defensores de derechos humanos y opositores. México aparece, así como caso clave donde rescate, cooperación militar, vigilancia y negocios de ciberinteligencia se cruzan.
  • Turquía 2023: Israel envió equipos de rescate y preparó un hospital de campaña a petición de Turquía tras los terremotos de febrero de 2023. La operación, llamada “Ramas de Olivo”, fue liderada por el Comando de las FDI e involucró capacidades de mapeo, coordinación con las autoridades turcas y sistemas de información geográfica para localizar víctimas y evaluar daños y organizar la respuesta en el terreno.  Su valor político fue mayor que el humanitario inmediato: analistas israelíes la ubicaron dentro de la normalización entre Israel y Turquía, junto con visitas ministeriales, cooperación económica, defensa e inteligencia. El desastre funcionó como acelerador de vínculos estratégicos previamente abiertos.
  • Venezuela 2026: En una situación de ausencia de relaciones diplomáticas desde 2009, Israel envió un equipo de oficiales de las FDI, organizaciones humanitarias y personal diplomático tras los terremotos en Venezuela. La asistencia fue presentada por ambos gobiernos como una forma de reabrir lazos, y también como propaganda humanitaria para el estado israelí frente a la condena global y la investigación judicial de crímenes contra el pueblo palestino.

Mecanismos de lavado nazi-sioista

La imagen de “Israel como salvador ante desastres” tapa la realidad de un Estado que hace genocidio y destruye. Algo que niegan los medios hegemónicos que se desgarran las vestiduras ante cualquier cuestionamiento, Repiten al unísono: “no metan ideología, dejen que llegue la ayuda”. Lo que hay que dejar claro es que la USAR no es solo rescate. Es la presencia del estado genocida que busca legitimar imagen y construir confianza para lavar las acusaciones internacionales de ocupación, apartheid, crímenes de guerra y genocidio. Es el poder blando nazi-sionista. Es experto en bombardear, destruir, matar por hambre y a la vez experto en rescate.

El desastre de otro se convierte en oportunidad geopolítica. Israel transformó la geopolítica y la diplomacia de los desastres, convirtiéndola en una modalidad altamente militarizada y comunicativa que a la postre encuentra réditos políticos y financieros en el mercado de seguridad y armamento.

Ninguna ayuda humanitaria exterior puede neutralizar los crímenes contra la humanidad. Pese a que Israel salva vidas en el extranjero, asesina sin misericordia a pueblos árabes, destruye ecosistemas, destroza infraestructuras críticas, mata de hambre.

Roni Kaplan: Portavoz humanitario del nazi-sionismo

Roni Kaplan es una pieza clave del entramado nazi-sionista. Nacido en Montevideo y formado en Israel, combina carrera militar, diplomacia pública y comunicación para audiencias en América Latina y España.

Su trabajo no es solo informar. Lo hace traduciendo la narrativa militar del rescate en desastres. Pero también es el portavoz en varias operaciones de genocidio en Palestina. En las guerras genocidas es un portavoz militar; en los desastres, es el rostro de la ayuda.

En Venezuela, Kaplan presentó la misión israelí como asistencia técnica, rescate y solidaridad, pero enfatizó la presencia de soldados sionistas y la coordinación con las autoridades locales.

El terremoto del 10 de agosto y Colombia como laboratorio político-militar del nazi-sionismo

El terremoto del 10 de agosto de 2026 hizo de Colombia un caso clave. El mismo día, el Gobierno de Abelardo de la Espriella reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán. Una brigada USAR llegó más tarde para ofrecer la ayuda como un gesto humanitario, pero también una señal diplomática. Colombia como punto de entrada diplomático-militar. Primero, hubo un intercambio simbólico: reconocimiento del Golán a cambio de un episodio de solidaridad al servicio de Netanyahu y de Abelardo.

La ayuda, importante, pero modesta, abre una puerta militar y comercial. Israel ya tiene vínculos con Colombia en armas, drones, entrenamiento, vigilancia y seguridad que sin duda se van a incrementar tras la presencia de tropas de la USAR. Insisto, los rescatistas son soldados israelís que participan en genocidios y en otras ocasiones en salvamento.

La imagen de soldados-rescatistas convierte el discurso sobre Gaza, Cisjordania, Líbano y el Golán en uno de Israel como un aliado humanitario, eficiente y tecnológicamente avanzado.

El USAR israelí no puede ser visto como una entidad neutral, bajo esa luz. Hay un valor técnico en ello, pero está incrustado en una organización militar y diplomática. Un país receptor abre aeropuertos, comunicaciones, instituciones, cadenas de mando y espacios de coordinación en un desastre. La emergencia apaga los controles. Lo que es rescate puede convertirse en acceso estratégico, una vitrina tecnológica y un vínculo político.

Colombia es un terreno particularmente sensible para esta operación. Su historia de cooperación militar externa, contrainsurgencia, compras de armas, vigilancia y dependencia tecnológica permite que la ayuda humanitaria cree nuevos tipos de cooperación en un lenguaje técnico: gestión de riesgos, protección civil, entrenamiento, drones, comunicaciones y asesoría en seguridad con riesgos de que esto sea parte de quienes desean que la guerra sea la práctica usual para resolver nuestros problemas como sociedad.  No hay que olvidar que en las década de 1980 y 1990, Yair Klein, quien fue alto comandante de las FDI, fue contratado como “asesor de seguridad” , con la autorización del Estado Colombiano, para ponerse al servicio de ganaderos y narcotraficantes del Magdalena Medio. El papel de las FDI en el surgimiento del fenómeno paramilitar está ampliamente documentado.

No se trata de oponerse a que se salven vidas y se brinde ayuda, sino al uso y abuso de la cooperación ya que la ayuda humanitaria israelí ha estado ligada a la producción de inteligencia, apertura de negocios de armas y una campaña de imagen para un estado nazi-sionista acusado de crímenes contra la humanidad, al tiempo que se atornilla el control estadounidense e israelí sobre Colombia como plataforma clave de control hemisférico.

Frank Molano Camargo es docente en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (Bogotá-Colombia). Investigador en los campos de la historia ambiental, los movimientos sociales y la educación política desde la perspectiva de la ecología mundo capitalista. Es también director del semillero interinstitucional «Yalpay. Historia, territorios y política» y miembro de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental - Solcha.

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