Bolivia, el ejemplo que le sirve a Colombia

(Parte II) (ver la parte I)

En la comprensión de García Linera, el Estado es una máquina relacional en la cual permanentemente hay correlaciones de fuerzas. Pero el Estado -y ojo a esta comprensión tan interesante-, si bien son instituciones, es también creencias, sentido común, “un conjunto de ideas”. Por su parte, la correlación de fuerzas se materializa en grupos de decisión vs grupos de poca decisión; conciliar decisiones donde unos y otros se sientan más o menos representados es la tarea más delicada, y que asegurará la cohesión en la disputa por la hegemonía.

Así las cosas, y desde esta comprensión, el Estado no es más que una de las tantas prolongaciones, o mejor: la gran prolongación de la estructura social de la sociedad, sin perder de vista, claro está, que el Estado es Estado porque monopoliza la legitimidad, tiene -diría Weber-, el monopolio de construir la legitimidad. A juicio de García Linera, el Estado logra su legitimidad en 4 aspectos fundamentales: por la coerción legal reconocida (la fuerza), por la tributación, legitimidad social y universalidad.

Sobre estos 4 aspectos fundamentales que caracterizan la definición de Estado en García Linera, la legitimidad social y la universalidad son dos de los cuatro aspectos que están atravesados por lo cultural. En otras palabras, que un Estado tenga realmente legitimidad social implica que él mismo sea el lugar donde lo social: luchas, disputas, creencias, simbolismos, ritos, mitos, etc., se realice. Por otro lado, que pretenda lo universal, se refiere a que debe definir lo que es “el bien”, o “el mal”, “lo aceptado o no”, no por el unanimismo sino por la diversidad, lo múltiple, por el respeto a lo diferente.

Dice García Linera que estaremos realmente en una revolución del Estado cuando esta máquina relacional sea el lugar donde la realidad con sus luchas se reproduzca y sean resueltas. Cuando se modifica el contenido social de las personas que están en el gobierno, cuando se modifica la condición de clase de los parlamentos, cuando la disciplina, el orden simbólico, la enseñanza se transforma, entonces según Linera podemos hablar de una revolución política en el Estado: cambio de forma, de contenido y condición social.

Una de las traducciones de esta revolución política del Estado es el cambio institucional, pero no la única. En las instituciones estos aspectos deben ser traducidos a la vista, en la cotidianidad. Citaremos un ejemplo para finalizar tomando en cuenta el Ministerio de Agricultura en Colombia: la reforma agraria sería una “consigna vacía” si no es fruto de una disputa entre los grupos de poder dentro de este ministerio en sus niveles más altos y bajos de administración. Una reforma que sea el fruto de una verdadera correlación de fuerzas implicaría todo un esfuerzo de construcción simbólica, que derribe mitos, cree otros, incluso que permitan construir lenguajes, que de vida a la palabra de los territorios -porque los territorios tienen sus formas de nombrar la tierra y su relación con ella-.

Hablamos de una revolución política del Estado, desde la comprensión de Linera, si verdaderamente -tomando el ejemplo del ministerio de agricultura, y la reforma agraria-, el tema agrario y sus transformaciones deja de ser un problema de expertos técnicos, y pasa a ser una construcción diversa desde los territorios, y al tiempo, esa discusión es llevada al mundillo técnico del ministerio que permita decisiones acertadas, donde la población colombiana en su diversidad de clases se sienta interpelada. Hablaremos de revolución política del Estado, si en el caso de este Ministerio de Agricultura -continuando con el ejemplo- es cada vez más el escenario de deliberación del mundo rural colombiano tan rico de lenguajes, símbolos y formas diversas de ver el mundo y de administrar la tierra.

Filósofo, especialista en epistemologías del sur por CLACSO (consejo latinoamericano de ciencias sociales) y magister en ciencias sociales y educación por FLACSO (facultad latinoamericana de ciencias sociales, Argentina). Escritor, columnista y colaborador en diferentes medios como rfi (radio francia internacional), revista Hecho en Buenos Aires y analista sobre temas de conflicto en El Espectador, Colombia.

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