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De la indignación, a la digna acción.

Jornadas de indignación

Lunes 14 de septiembre de 2015, por Desde Abajo

Luego del Paro Nacional Agrario de agosto de 2013 la Cumbre Agraria se conformó como una plataforma de articulación política de las expresiones sociales de la izquierda. Hoy la Cumbre atraviesa conflictos internos para superarse como espacio de articulación de los movimientos sociales y para ello convoca, durante la primera semana de septiembre, jornadas de indignación, con el fin de conectarse en la acción con las distintas luchas de los sectores que están en conflicto. Hablamos con Omar Fernández, vocero en la Cumbre por la Coalición de movimientos sociales de Colombia –Comosoc–.

Desde abajo –da–. ¿En qué estado se encuentran hoy las negociaciones de la Cumbre Agraria con el Gobierno?

Omar Fernández –OF–. En crisis. El modelo de negociación está fracasado, no da frutos ni avances significativos, prácticamente en ninguno de los temas acordados.

da. ¿Cuáles son los puntos de articulación y contacto entre la Cumbre Agraria y otros sectores en conflicto?

OF. Son varios, entre ellos el diálogo campo-ciudad. La Cumbre Agraria se define por una agenda que recoge la situación y las propuestas de cara a lo agrario, pero muchos de los temas que están en esa agenda, y que tienen que ver con lo agrario, también vinculan a otros sectores, por ejemplo, la paz: la Cumbre impulsará las Cumbres de Paz y es un actor de ésta, trazando allí un vínculo con los movimientos que la reivindican, llámense Frente Amplio o Clamor Social o cualquier iniciativa que surja en torno a la paz. Lo mismo con otros temas como la democracia en el campo, el vínculo campo-ciudad en función de lo urbano. Algunos de los temas, o de los ejes políticos de la agenda, tienen que ver con otros actores y con otros escenarios. También están los planteamientos políticos más estructurales incluidos en la agenda y que tienen que ver con el modelo de desarrollo, convertidos en un tema común al conjunto del movimiento social popular.

da. ¿Cuáles serán las estrategias de la Cumbre para articular en movimientos comunes sectores del campo y de las ciudades?

OF. Hasta el momento la estrategia ha sido bastante agraria, lo que limita la posibilidad de que otros sectores se sientan incluidos. En el actual momento se está cambiando un poco esta estrategia, dándole a la acción política de movilización conjunta un carácter mucho más plural, para que otros sectores sociales se sientan incluidos y entren a la acción, sin pertenecer necesariamente a la Cumbre Agraria, manteniendo su identidad como movimiento urbano o sindical –por destacar algunos ejemplo– y eso es lo que estamos planteando ahora con las jornadas de indignación, donde no hay una solidaridad con el sector agrario sino una articulación de acciones y de propósitos comunes, manteniendo la especificidad de cada sector.

da. ¿Será este el carácter estratégico de las jornadas de indignación que se avecinan?

OF. Veo al respecto dos elementos de carácter estratégico. 1) La capacidad que tengamos de relacionar y articular nuestras dinámicas. El régimen siempre le ha apostado a fraccionar el actor alternativo, al actor que tenga capacidad de cambio crítico ante las políticas oficiales; entonces, esto que se está planteando sería un aporte importante en una lógica de unidad, de articulación de sectores sociales en conflicto, y si se logra que lo agrario no sea el eje articulador, sino que lo sea, por ejemplo el Plan Nacional de Desarrollo (PND), o una lucha contra un modelo político excluyente, tal proceder puede ser el germen de una expresión de unidad popular para la acción más permanente.

2) Lo otro que veo como un aporte estratégico son los ejes, en la medida que se cuestionen ejes muy estructurales que conforman el proyecto de dominación –como el modelo de desarrollo–, me parece que ahí ya no se pelea solamente por cosas muy puntuales o de un sector social específico, sino que nos estamos enfocando hacia el modelo económico como un modelo que es productor y generador de pobreza, de privatización, de exclusión. Entonces, de actuar así estaríamos no solo ante la posibilidad de configurar un bloque de acción fuerte, sino, al mismo tiempo, de confrontar elementos estructurales del proyecto dominante.

da. ¿Qué opinión tiene del PND del actual Gobierno y, en particular, qué opinión le merece la política de desarrollo rural?

OF. Estamos ante un Plan totalmente coherente con la política de neoliberalización de la sociedad que están ejecutando por lo menos en los últimos veinte años. Esto comprende la reprimarización de la economía, acabar con lo público, privatizar, favorecer a la gran empresa multinacional, mercantilizar y financiarizar nuestras vidas cotidianas. Todo esto, a mi modo de ver, se expresa en el actual PND, que no es para la equidad, para la paz o con una perspectiva de justicia social, no, es todo lo contrario, es un Plan inscrito en función de unos intereses macro del gran poder dominante capitalista que ni siquiera está en Colombia, política que ya afecta a sectores medios de campesinos que antes eran productores de leche, o campesinos de pequeña industria. Es un Plan contra la democracia, la justicia y la paz.

da. ¿Cómo llevar, entonces, esa plataforma que es la Cumbre Agraria de esa línea marcadamente agraria y de reforma, hacia líneas de acción y articulación que permitan disputas contra el modelo capitalista en su conjunto?

OF. Ahí sí lo veo muy difícil, porque la dinámica de izquierda continúa dominada por el papel que cumple lo que llamaríamos la expresión política. ¿Dónde estaría esta expresión?, en el partido, en el frente político, en el gobierno –en caso de que haya uno de izquierda o uno alternativo–.Entonces, me parece que existe una deficiencia muy grande en el formato y en el esquema clásico de la izquierda en el cual estos sectores, por ejemplo lo agrario, lo continúan ubicando en el clásico papel de masas, y ¿cuál es el papel que cumplen estas?, ¿cuál el papel que cumple ’lo social’? De ahí que me parezca que ese propósito –que un actor de estos llegue a potenciarse como un actor político que lidere cambios estructurales– sea muy difícil de lograr, pues para muchos de los conductores, de quienes de alguna manera orientan las expresiones prácticas de la izquierda, ese es un papel que cumplen estos organismos clásicos de lo político.

da. ¿Cómo evalúa y comprende la situación de los sectores cívico-populares hoy, de su capacidad de disputa con el Estado y con el Gobierno?

OF. ¡Jumm! La dinámica de la confrontación urbana, atraviesa una crisis de fondo durante los últimos veinte años. Lo urbano está dominado, controlado, y el acumulado social popular es tal vez el más golpeado. Podríamos decir que la guerra en Colombia es principalmente rural, y donde más se ven sus efectos es en el campo pero, detalle, que el movimiento agrario ha dado un despunte bastante fuerte con protestas que han generado una amplísima participación de sectores no organizados del campo, que salen a liderar luchas muy duras como lo de Boyacá en los dos paro anteriores. Pero en la ciudad a la gente la han consumido en la sobrevivencia.

Creo que hay dos fenómenos fuertes en las ciudades: 1) en los barrios populares la gente está, o dedicada a la sobrevivencia en una dinámica absorbente de jornadas de catorce o dieciséis horas de trabajo, sin tiempo para descansar, ligado esto al debilitamiento del sector sindical que está en la crisis más aterradora con esta política de tercerización que crea vínculos que no le permiten a los trabajadores organizarse. Y, 2) El otro fenómeno que no podemos dejar de observar es que en los barrios determina el microtráfico, la criminalidad, toda esa agresividad gestada cuando no hay comida, cuando no hay trabajo, cuando hay prerrogativas de control territorial sobre la base del uso de armas y sobre la construcción de grupos de control territorial urbano; eso da muy poco margen a la organización de liderazgos, de procesos organizativos. Me parece que muchísimos de estos grupos no están amarrados a un proyecto paramilitar, muchos son más expresión de ese tipo de alternativas de sobrevivencia que los jóvenes construyen cuando desaparece la ciudadanía y te convierten en un nadie.

da. El movimiento rural, también el movimiento indígena y afro, a lo largo de su historia ha construido alternativas de ordenamiento y gobierno territorial como las Zonas de reserva campesina, las zonas agroalimentarias, los resguardos indígenas, los consejos comunitarios lo que ha propiciado algunos conflictos cuyo ejemplo reciente puede ser lo sucedido en el Cauca o en Catatumbo, ¿usted encuentra en esas distintas apuestas y puntos de articulación, posibilidades de unidad de esas propuestas?

OF. Sí, creo que hay un elemento articulador de todo esto y es la perspectiva de poder popular. Un elemento común allí es la autoridad del pueblo, de la gente. Cosa que ha sido contestada por el Estado y el para-Estado. Por un lado, por ejemplo en el caso de los Consejos Comunitarios, se promulga la ley 70 y en cierto sentido se oficializa la existencia de ese territorio autónomo, pero por otro lado el mismo Estado organiza toda una estructura militar para desestructurarlos, para arrebatar la tierra, para comprarla, incluso para extranjerizarla.

Pero entre los Consejos Comunitarios y los resguardos hay diferencias. Los primeros están situados en tierra controlada en no pocos casos por el narcotráfico, por las bandas, por sectores paramilitares e, incluso, por sectores de la guerrilla; no son las comunidades negras las que mandan ahí, sino los grupos armados. Distinto a los resguardos, donde el movimiento indígena ha hecho valer su autonomía. En las Zonas de Reserva, reconocidas por Ley, hay expresiones de resistencia y alternativa campesina. Son tres experiencias con distinto origen y potencial pero, en todo caso, en una u otra experiencia hay claras manifestaciones de poder popular.

da. Justo frente a esas expresiones de poder, ¿qué piensa de las elecciones en octubre?

OF. Pareciera que ese binomio elecciones-movilizaciones genera demasiadas contradicciones para la política desde abajo. Un éxito importante del paro agrario de 2013 fue que los distintos sectores y organizaciones enfocaron su esfuerzo en la movilización, no así en 2014 cuando la historia fue distinta justo frente a las elecciones nacionales para elegir Presidente.

da. ¿Le parece que esta situación genera desconexiones entre organizaciones y eso repercutiría en el eco de las movilizaciones que se avecinan?

OF. Sí, claro. De hecho eso es una realidad frente a la dinámica de movilización agraria. Hay una consigna tácita de que en octubre no nos podemos movilizar porque en tal mes sucederán las elecciones, cuando algunos pensaríamos, por el contrario, que ese sería un tiempo bastante propicio para la movilización, sirviendo como un factor de presión para que los gobernantes que surjan de la izquierda, más los del establecimiento, se sientan presionados u obligados a atender demandas de los sectores populares.

Pero todo indica que otra vez volvemos a lo que, pienso, ha sido un daño grande propiciado por las tácticas de la izquierda tradicional, separando siempre lo uno de lo otro: aunque se planteen todas las formas de lucha, son cosas como compartimentadas, desconectadas y fraccionadas; es decir, en Colombia se viene de una tradición extra-institucional bastante fuerte a otra tradición política que mezclaba todas las formas de lucha, pero parcelándolas en el sentido de que una cosa no se conecta para nada con la otra.

da. ¿Participan ustedes de esta coyuntura electoral?

OF. Como Comosoc no pensamos que la táctica de participación electoral deba estar al centro, aunque muchos compañeros nuestros participan y tratan de hacer alguna presencia en estas disputas locales para las próximas elecciones, lo que no quiere decir que ese sea un componente bastante fuerte de la Comosoc.

da. Entonces, ¿cuál es su valoración de lo electoral y de las posibilidades de ser gobierno?

OF. En general tenemos una crítica a todo lo que es el régimen político de este país, dentro de la cual estaría esta dinámica electoral totalmente controlada por una clase política y económica que no permitirá cambios de fondo por vía formal, así vaya accediéndose a algunos espacios, lo cual se felicita. Algunos senadores del campo de la izquierda juegan un papel interesante, pero eso no va a cambiar en nada la estructura política del país; aunque surja un Presidente de izquierda en este país no va a cambiar nada de lo que nosotros pensamos, pues el poder real no se decide aisladamente desde esas instancias, sino que se construye más desde toda esta lógica de conciencia política de la gente, de un pueblo movilizado, con autonomía, con un sentido de soberanía, lo cual es mucho más difícil de conseguir. Habría que dar un debate bastante profundo del papel que juega esta participación en los espacios estatales y en los espacios de gobierno, y un poco de lo que ha sido este período de gobiernos populares en América Latina, además de los tres periodos de izquierda en la alcaldía de Bogotá.

Recuadro 1

Es muy importante que hagamos ejercicios generosos de volcar todo lo que cada sector o agrupación reuna, para que esta jornada de indignación sea exitosa, para que comprobemos que los acumulados que tenemos, por pequeños que sean, si los reunimos y articulamos, potencian, dinamizan y concretan éxitos. Estamos ante un proceso de acumulación y no ante una circunstancia meramente coyuntural.

Recuadro 2

¿Qué es la Comosoc?

La Coalición de movimientos sociales de Colombia –Comosoc– es un proceso de articulación, en proceso de gestación y desarrollo desde hace más de diez años; su propósito central: darle un protagonismo político a las organizaciones sociales.

En un primer momento enfatizamos en la necesidad de articular grandes organizaciones sociales nacionalmente constituidas, entendiendo eso como una especie de bloque. Es así como en sus orígenes estuvo en esta dinámica la Organización nacional indígena de Colombia –Onic–, el PCN, el Movimiento nacional por la salud, el Movimiento de cristianos por la paz, la Organización Femenina Popular, y con todas estas organizaciones fuimos construyendo el proyecto Comosoc. Pero en el camino nos dimos cuenta de lo difícil que es pensar en un agrupamiento de organizaciones sociales con independencia y con autonomía. Entonces viene esta otra época, que llamamos de reagrupamiento social por matrices políticas, donde las organizaciones sociales se juntan desde una determinada matriz política, razón por la cual varias de las que estaban en la Comosoc redefinen su pertenencia en otras plataformas. En ese sentido, es posible decir que la Comosoc se entendería como una plataforma, un gran bloque de articulación, en este caso de organizaciones sociales autónomas, locales, regionales y muy poquitas nacionales, que tenemos este elemento central: que las organizaciones sociales son un actor político autónomo de primer orden.