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31 de agosto. Conmemoración del natalicio de Gerardo Valencia Cano.

Un obispo que se hizo pueblo.

Viernes 11 de agosto de 2017, por Mesa Ecuménica por la Paz

Gerardo Valencia Cano está presente y vivo en la memoria no solo del pueblo de Buenaventura, sino que también debe estar en ¡Nuestra Memoria!, en la memoria de todos y todas las que soñamos con un mundo mejor. Hombres como Gerardo marcaron la vida de muchas comunidades en momentos muy difíciles, hay que levantar las banderas y gritos porque el pensamiento de “Moncho” sigue vivo y vigente.

El 31 de agosto de 2017 conmemoraremos los 100 años de su natalicio, en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá (Carrera 19B Nº24 – 86) de 3:00 pm a 6:00pm.

Hace 45 años estos fueron los titulares que encabezaron todos los periódicos del país, lo particular no era sólo el “accidente” del avión y el número tan alto de muertes, sino la muerte en éste de uno de los referentes en las luchas por y con los empobrecidos de Colombia, Gerardo Valencia Cano, quien nacido en Sto. Domingo Antioquia, en el seno de una humilde familia profundamente religiosa hereda un gran sentimiento de sacrificio y servicio por el bienestar de los desprotegidos y desarraigados. Desde sus comienzos como diacono optó por una evangelización no ligada a las grandes tribunas de la iglesia conservadora colombiana, sino a favor de los desposeídos, de los explotados, una evangelización denunciante de las injusticias y atrocidades por las que atravesaba el país, y que aun hoy son motivo de fuertes luchas y de resistencias.

Con una visión teológica desde el ideal de la liberación, Gerardo dedicó su vida a los más necesitados, principalmente a la comunidad afro colombiana de Buenaventura, desde allí, y como todo buen profeta, su vida y sus mensajes se volvieron incómodos para toda la oligarquía colombiana, siendo de los principales firmantes y defensores del documento de Golconda. Fue muchas veces perseguido por las comunidades eclesiásticas y militares, quienes como zorros en caza, perseguían y encarcelaban a los sacerdotes y misioneros/as que simpatizaban con el naciente movimiento de la Teología de la Liberación.

Las graves condiciones inhumanas e indignas, conocidas por Gerardo a lo largo de su apostolado, hicieron de su convicción transformadora la principal fuente de motivación para el cambio en las comunidades empobrecidas, sus eucaristías y reuniones con las comunidades estaban ligadas por una vida de servicio y entrega a los demás, dando un carácter político a las acciones cristianas y enarbolando orgullosamente la consiga “Bajo nuestros harapos hay un poder liberador invencible que echará por tierra el sueño de los avaros” que lo acompañó hasta sus últimos días y selló un legado de liberación en las comunidades.

Hoy, “Moncho” como se le conocía, nos da un vivo ejemplo de amor al prójimo, nos deja el mensaje de luchar ante las adversidades, instituciones y persecuciones por la Liberación, nuestro contexto nos obliga a asumir un papel ante la injusticia, el hambre y la miseria, tal vez así rendimos un verdadero homenaje a nuestro hermano.

“No nos interesa un solo país. Nos interesa el
continente que, unido, debe mostrar a la
humanidad lo que significa y lo que puede,
como un aporte especial a la gran familia
humana”

“Os habla un hombre que (…) ve con angustia
que el egoísmo de los que algo tienen clava
sus garras implacables sobre las frentes de
los desposeídos”

“Hermanos, os habla un porteño que ha
sufrido durante diecinueve años, la dureza
de la estiva sobre los hombros encorvados de
sus hermanos con hambre de libertad”

UN OBISPO QUE SE HIZO PUEBLO
Gerardo Valencia Cano
1917-2017